Libros del Zorro
Rojo, 2011
La primera vez que leí este libro me provocó un rechazo enorme; no sé
si fue la gran cantidad de gatos, lo que realizaban o lo que ocurría finalmente
con ellos, fuera lo que fuera me dejó una sensación muy desagradable sobre la
lectura. La segunda vez que lo leí, fue peor. Sin embargo, más allá de esta
sensación, considero que el texto es interesante y distinto de acuerdo a los
sucesos que en él se desarrollan, muestra un final feliz luego del caos, y eso da
lugar a diversas reflexiones o por lo menos permite potenciarlas. Además,
contiene ciertas repeticiones verbales que al principio de la lectura permiten
percibirlo como un texto sencillo y amable, con una gran sonoridad y ritmo muy
atractivo. Así, el texto parece ideal para realizar lecturas modeladas o
grupales.
Las ilustraciones constituyen la gran maravilla del libro y quizás son
lo que le da el valor que realmente tiene, puesto que son las originales,
responden a una época y a ciertas técnicas disponibles, además de representar
fielmente el estilo de la autora, aspectos que le proporcionan así un gran
valor cultural. No obstante, no me parece que ellas y el texto estén vinculados
inseparablemente, por lo que no las veo como un soporte hacia la comprensión
del texto.
Identificar la propuesta de Wanda Gag es un trabajo muy ambicioso,
principalmente porque no compartimos la misma época ni realidad, por lo que
aventurarse a reconstruir lo que quiso plantear en “Millones de gatos” en una
revisión tan breve como esta, no parece serio ni respetuoso, sobre todo para mí que no la conocía a cabalidad. Sin
embargo, es posible descifrar que Wanda Gag no solo quiso construir un relato
infantil, sino configurar una nueva manera de contarlos y mostrarlos, nutriendo
de imágenes novedosas tanto en sus trazos como en su configuración dentro de un
libro. Y tal como lo mencioné anteriormente, si bien no veo un vínculo
indisoluble entre texto e imagen para la comprensión del texto, sí existe una
potente unión gracias al legado cultural que este libro representa. Hoy sería
imposible leer “Millones de gatos” sin la compañía de las ilustraciones
originales.
“El corazón y la botella”, Oliver Jeffers.
FCE, 2010
Conmovedor. Eso fue lo que primero pensé cuando lo leí, hace un par de
años ya. Cada vez que lo tomo, lo abro y lo leo, afloran en mí las mismas
sensaciones. Tristeza, desapego, cobijo, hogar.
Tanto texto como ilustraciones son sencillas, pero crean una armonía y
un vínculo imposible de romper. La textura y colores de las ilustraciones
permiten destacar aquello que es relevante para la comprensión del texto, y su
vez, este aparece en las ocasiones en que es imprescindible. Pareciera que nada
sobra, nada falta.
Este libro trata con total belleza y sutileza, pero no sin
profundidad, temas que son complejos incluso para los adultos, como el
abandono, la muerte y la no pertenencia. Así Oliver Jeffers muestra en todos
sus libros, y quizás magistralmente en este, cómo una temática tan profunda
puede ser tratada de una forma fresca, diferente y totalmente cargada de
emocionalidad y belleza estética. Así, este libro tiene características
visuales apacibles que permiten su trabajo con audiencias de distintas edades y
experiencias, pero también puede ser considerado como un libro íntimo, para una
lectura y reflexión en soledad.
Barbara
Fiore Editora, 2010
Este es un libro complejo, con un peso enorme, una carga emocional que
no es fácil de digerir. Y lo percibo así en base a la experiencia de vida, por
lo que es posible que un niño muy pequeño perciba otras cosas de este libro.
En un principio, este libro impresiona por la complejidad de sus
imágenes y la múltiple información que entregan, tanto estética como narrativa.
Ellas no representan una imagen realista del texto, entendiendo por esto la
muestra literal de sucesos narrados, sino que son una representación de las
emociones que días y hechos como los relatados producen en una persona. En ese
sentido, el vínculo entre texto e ilustración
es perfecta, ya que la única forma de darle la profundidad necesaria a
lo que dicen las palabras, a este sencillo texto, es proporcionando al lector
todas las ilustraciones presentadas.
“El Árbol Rojo” no busca representar en sus páginas una narración
compleja en hechos y conflictos, sino que se posiciona como la construcción en
pocas páginas de un universo complejo de emociones y situaciones que no forman
parte de la narración, sino del mundo interno del lector. Gracias a la
experiencia del lector, este libro logra representar diversas situaciones,
quizás todas las que podamos imaginar.
“Axolotl", Julio
Cortázar.
En Final del Juego. Alfaguara, 2007.
Creo que este es uno de los primeros cuentos donde los jóvenes pueden
comprender la complejidad de la literatura y la posibilidad que representa en
cuanto a la creación de universos posibles. Quizás por eso Cortázar siempre ha
estado presente en el segmento juvenil como un escritor de gran importancia y
valor sentimental.
“Axolotl” provoca un pérdida de equilibro en el lector, donde este
durante un segundo (quizás menos, quizás más) no sabe muy bien cuál es la
realidad, qué leyó y dónde está. Cortázar propone este juego psicológico entre
el animal y el visitante, sin dejar claro en qué momento se pasa de uno a otro
y eso provoca en quien lee una sensación similar.
Los elementos metaficcionales que caracterizan el texto permiten
construir un relato donde los límites entre ficción y realidad literaria se
diluyen llevando al lector a un nivel de reflexión mayor en torno a lo que lee.
“Axolotl” se posiciona así como uno de los grandes cuentos de Cortázar
y una excelente muestra, para jóvenes y adolescentes, del universo literario de
este autor.



