jueves, 22 de agosto de 2013

Mediación, ¿selección o censura?


Considerando que gracias a las dos publicaciones anteriores ya tenemos claras las líneas que definen lo que llamaremos Literatura Infantil, es el momento de plantearnos cómo es posible realizar una mediación en este ámbito sin caer en la censura, que es quizás una de las cosas que más tememos los educadores.

La función de todo mediador es realizar una selección de las herramientas más idóneas según el grupo frente al cual participa. En este caso, siendo el tema la LIJ, la selección debería ser aplicada, por ejemplo, respecto a qué libros son más idóneos para  un grupo determinado de alumnos. Sin una tarea de selección, la mediación no existe; incluso si disponemos una serie de textos para que los niños de un curso elijan qué leer, ya hubo una selección en aquel conjunto de libros que pusimos a disposición del grupo. Dicha selección se basó en los objetivos pedagógicos y las características de los alumnos, pero ¿cómo podemos definir que lo que se haya realizado es efectivamente una selección y no una censura de otros libros?

Para responder a esta pregunta es necesario diferenciar aquellos dos términos, pues por un lado SELECCIONAR implica elegir dentro de un conjunto (en este caso de libros) a aquellos que se acercan a los objetivos que queremos lograr (por ejemplo, apreciación estética) generando así una elección que se basa en las características propias de los elementos a elegir, como pueden ser la calidad gráfica, las ilustraciones, el texto, los temas tratados, etc.; mientras que CENSURAR, se refiere a realizar una selección basándose en criterios que no tienen que ver propiamente con los libros, sino con consideraciones morales que nacen desde el punto de vista personal del seleccionador o de la entidad a la que representa, pero además dicha elección implica la anulación de lo no seleccionado y la negación frente al posible uso según otros objetivos e incluso la prohibición de discusión. En este sentido, podemos hablar de selección cuando uno elige un libro sin que eso implique la anulación de otro por consideraciones del tipo moral, ético, político o religioso.

Producto de los avances tecnológicos en el área de comunicación, hemos sido testigos directos de cómo en periodos muy tristes de la historia mundial reciente ha existido la quema masiva de libros por consideraciones ideológicas. Incluso en Chile, durante el periodo de la dictadura militar, se requisaron y quemaron públicamente miles de ejemplares de libros que contuvieran ideas contrarias al régimen impuesto. Esta censura no respondía a las características literarias de dichos libros, ni necesariamente al tema que trataban, sino que  a la prohibición de ser testigos, cuestionar o discutir alguna idea contraria al régimen. Hubo hogares donde todos los libros fueron quemados, sin siquiera haber sido revisados. Este es un ejemplo a gran escala de cómo funciona la censura, pero clarifica las líneas de diferencia que tiene con una simple selección.

Durante el periodo de la dictadura en Argentina también se vivieron episodios como los acontecidos en Chile y la literatura infantil fue el foco de censura de quienes ostentaban el poder.

En 1976, el libro de Elsa Bornemann “Un elefante ocupa mucho espacio”  fue prohibido en Argentina por relatar una huelga de animales; esto ocurrió justo un año  después de que fuera incluido en la lista de honor del Premio Hans Christian Andersen (IBBY). Según la publicación de Cabal (2001), el decreto que firmaba la prohibición de la lectura y venta de este libro incluía también otros dos títulos, por considerarse que tenían una “una finalidad de adoctrinamiento que resulta preparatoria a la tarea de captación ideológica del accionar subversivo” (Decreto Militar, 13 de octubre de 1977)

Ahora, frente a lo acontecido en Chile y Argentina, podríamos pensar que actualmente ningún mediador de LIJ que considere las diferencias, necesidades o intereses de los lectores podría ser capaz de ejercer censura, pero todavía existen en la conciencia de muchos adultos conceptos que tradicionalmente se han vinculado con la literatura infantil provocando un desmedro en la visión que se tiene de ella como disciplina artística, dejándola solo como una representación en la enseñanza de valores y conductas que son avaladas socialmente.

Según Colomer,  a partir de los cambios sociales, económicos y culturales acaecidos en el mundo occidental de los años 60, hubo un cambio en la noción de la literatura infantil, donde las ideas formativas respecto a su supuesta función primordial se derribaron frente a la necesidad de respetar las individualidades de los niños.

“pasó a considerarse que los niños deben ser educados en la complejidad de la vida, ya no se creerá en la existencia de un camino prefijado de normas para resolver unos problemas claramente graduados desde la infancia a la adolescencia y se constatará que la televisión anula las fronteras entre lo que podía parecer propio de los niños y lo que parecía propio de los adultos" (Colomer, 1999, p.110)

No obstante, ningún tipo de cambio sucede a nivel social de un momento a otro, sino que son parte de una progresiva toma de conciencia que nace, sin duda, de periodos de cuestionamientos, dudas y crisis.

Creo que gran parte de quienes estamos interesados en LIJ estaremos de acuerdo que, más allá de los gustos personales, uno de los libros más aclamados en este ámbito es “Donde viven los monstruos” de Maurice Sendak, que fue publicado originalmente en 1963. Pero no siempre fue así de querido. Si bien no hubo una censura nacional en EE.UU, ni una censura corporativa directa hacia este libro, sí generó gran escándalo en algunas escuelas que lo incluyeron como parte del catálogo de lecturas, porque rompía con todo lo que se creía que un libro infantil debía contener; en él no se enseñan valores, tampoco conductas respaldadas socialmente, mucho menos representaba la imagen que la sociedad adulta avalaba de un niño. Se retiró de las escuelas y por mucho tiempo los padres se negaron a que formara parte de los gustos literarios de sus hijos. Este libro rompía con todo lo que tradicionalmente se indicó como el rol de la literatura infantil, basado en “la transmisión a las nuevas generaciones de un modelo considerado legítimo por los adultos” (Carranza, 2009)

Y es esa idea la que existe equívocamente en muchos de quienes ejercen el rol de mediador, porque no existe una condición política, religiosa, social o ideológica que pueda poner límites a una expresión artística. La expresión literaria como forma artística no supone tampoco los deseos del adulto ni los del niño respecto a los temas que trata, sino que se vale de la dialogicidad, del contacto directo con quien está leyendo, para vivir y dar significación a la experiencia lectora. En base a esto, es importante que como mediadores sepamos otorgar a los alumnos la mayor y más variada cantidad de libros para que sean ellos, con nuestra compañía si así se quiere, quienes elijan qué es lo que buscan en la literatura infantil. Pues nuestra responsabilidad en el proceso lector es mediar, es decir ser el puente de contacto entre el lector y la literatura.

“Ofrecer esta riqueza editorial y poner en contacto a los niños con distintas formas de escritura, debe formar parte de una premisa que apoye el sentido de su intermediación entre los niños y los libros” (Hanán Díaz, 1998, p.2)
  
Y para finalizar, otro de los libros que fue censurado en diversos países fue “Los Viajes de Gulliver” de Jonathan Swift, por considerar que abordaba temas de corrupción, injusticia de la colonización y sentimientos anti-guerra, por lo que no se le podía llamar un libro apto para niños ni adultos.

 Y aquí es donde los invito a preguntarse, ¿no es mejor conversar con los niños o darles la oportunidad de plantear sus propias opiniones al respecto, que evitar toda discusión sobre temas que generen conflicto?






Fuentes consultadas

Carranza, M. (2009, 08 de diciembre). ¿Por qué la literatura es también para los niños?.  Imaginaria. Recuperado en                http://www.imaginaria.com.ar/2009/12/%C2%BFpor-que-la-literatura-es-tambien-para-los-ninos/

Cabal, G (2001, 04 de abril). Prohibidos. Imaginaria. Recuperado en http://www.imaginaria.com.ar/04/8/prohibidos.htm

Colomer, T. (1999). 3- La Literatura Infantil y Juvenil Actual. En Introducción a la literatura infantil y juvenil (pp.  107-  158). España: Síntesis Educación.

Hanán Díaz, F. (1998) ¿Cómo elegir un buen Libro para niños? Algunas recomendaciones útiles. Venezuela: Banco del libro de Venezuela.

Torrent, L (2013, 23 de abril) 30 libros de referencia que han sido prohibidos por la censura. En United Explanations. Recuperado de http://www.unitedexplanations.org/2013/04/23/30-libros-de-referencia-que-a-dia-de-hoy-son-censurados/




martes, 13 de agosto de 2013

¿Qué es literatura infantil? Profundicemos en la observación


En la publicación anterior expuse las ideas que tengo sobre qué es literatura basándome en lo que he recogido durante algún tiempo de indagación y observación. Esta vez, profundizaré al respecto considerando además las ideas que ciertos autores proponen sobre la literatura infantil y juvenil; ideas que comparto en lo más profundo y que le dan respuesta al título de esta entrada.

Tal como lo mencioné antes, el concepto de literatura infantil ha sido estudiado y analizado durante muchos años, lo que ha derivado en tantas visiones como autores hay, por lo que las consideraciones respecto a qué es son múltiples y muchas veces evidencian la dificultad actual de categorizarla y diferenciarla de aquella “no infantil”. 

Pareciera que todos somos capaces de identificar aquel universo llamado literatura infantil, pero no así definirlo, ya sea porque en lo concreto se grafica en múltiples formas o porque sus contenidos son tan diversos como en otros tipos de literatura. Y respecto a esta multiplicidad de formas y contenidos, es posible afirmar que lo que diferencia a la literatura infantil de aquella que no lo es, no está determinado por los temas tratados, la forma física del libro o de su texto, sino tal como Rosell menciona “No es la temática (…) lo que diferencia a la literatura infantil de la reservada a consumo adulto, es el tratamiento.”
Es decir, la literatura infantil es aquella que ha sido creada para ser leída por niños, sin que necesariamente contemple una red de contenidos determinados o formas específicas, pues este tipo de literatura presenta su particularidad en otros aspectos mucho más profundos y determinantes.

Lo infantil es el elemento que modifica, como todo buen adjetivo calificativo, un sector de la literatura (lo substantivo, lo esencial), caracterizándola y haciéndola apta a la lectura de niños y/o adolescentes” (Rosell, Joel.)

Al respecto, es importante especificar aquello introducido tímidamente en la primera entrada de este blog respecto a la cualidad creativa y artística que supone la literatura. En dicha publicación, planteé que la literatura infantil  no está enmarcada como una red de estructuras textuales, sino que se posiciona como la clasificación de aquellos universos propuestos mediante la palabra, con leyes propias y singulares, que a su vez son tomados por los lectores para que construyan, a través de la lectura, su propia verdad al respecto.  Si bien esta observación no solo es aplicable a la literatura para niños, es aquí donde se hace presente aquello mencionado por Rosell, donde lo fundamental para clasificar a la literatura dentro de su gama infantil, es el tratamiento que se le entrega a los temas presentados por medio de la palabra, más que los temas en sí. Y esto es fundamentalmente porque las temáticas presentes en la literatura no pueden estar condicionadas por la demanda comercial, editorial o de mercado, sino que nacen profundamente de las motivaciones del autor, de sus necesidades emocionales, sus inquietudes sociales y su visión estética, por lo que la creación literaria es en sí misma una creación artística. 

Y sobre el componente artístico en la literatura, Liliana Bodoc precisa  que “la literatura es un discurso artístico, por lo tanto no puede haber primacía del contenido sobre la forma. Debe haber, más bien, una adecuación, una alianza plena sin la cual el hecho literario desaparece”.

Por lo tanto, este universo llamado obra literaria y construido mediante la palabra proporciona a niños y jóvenes una oportunidad única de descubrir aquello entramado en  lo que el autor ha propuesto, por medio de la significación que ellos son capaces de darle. Así, la literatura infantil existe en tres dimensiones: la del autor, la del lector y aquella que se configura mediante a acción dialógica entre ambas dimensiones.

“Toda obra maestra de literatura infantil es el resultado de un descubrimiento, de una invención, de una revelación, de un compromiso del espíritu del autor –inevitablemente un adulto– con las esencias y posibilidades de lo humano que se revelan a través de los niños.” (Rosell, Joel)

Y es en este sentido, que nuestra labor como mediadores es proponer la literatura infantil como medio para que niños y jóvenes comprendan el poder de significación de la palabra y así permitirles conocer aquello que no han podido descubrir o entender, ya sea por medio de sus experiencias o de sus reflexiones. Por consiguiente, la literatura no se propone como un cúmulo de valores o enseñanzas a transmitir, sino que como una oportunidad para que el lector se posicione frente al mundo a partir de lo que descubre por medio de la lectura, pues mediante ella se activan las posibilidades de abrirse a nuevas realidades, sociedades y entornos dando sentido a lo que lee.

En conclusión, nuestro rol como mediador es otorgarles a los niños y jóvenes la posibilidad de aprender a leer por el placer de hacerlo.



Citas
Rosell, Joel. “¿Qué es la literatura infantil? Un poco de leña al fuego”.
Bodoc, Liliana. “Literatura como discurso artístico”. Actas de CILELIJ, Vol. 2. 244--‐246

lunes, 5 de agosto de 2013

¿Qué es literatura infantil?

El concepto de literatura infantil ha sido estudiado durante muchos años y existen diversas consideraciones u opiniones respecto a qué es lo que abarca y cuáles son sus límites. Sin embargo, lo que yo considero como literatura infantil, y que ha sido recogido a través de algunos años de curiosidad, indagación y sobre todo observación, da cuenta más de un universo literario que de ciertos textos determinados.

El discurso literario es aquel que se configura en base a una construcción de sentido propia, donde sus fundamentos solo están asentados en el texto que se presenta. Esto permite que quien lee tome ese universo y lo interprete en base a lo que sabe, conoce o descubre por medio de la lectura. Y es por estas ideas que considero como literatura infantil no solo los textos contenidos dentro de la literatura escolar tradicional, sino aquellos que han ido configurándose como elementos que permiten a los niños comprender el poder de significación de la palabra, por medio de universos creativos y singulares que los conectan con su yo íntimo y los ayudan a descubrir el mundo.

Durante mi experiencia en aula, tuve la oportunidad de trabajar con diversos discursos que no son considerados tradicionalmente como parte del canon literario infantil, pero que rescatando su estructura narrativa permiten un trabajo que contribuye a ampliar el imaginario de los niños. Entre ellos están los cómics, canciones, microcuentos, etc. Aquí, me quiero detener y recordar un trabajo que realicé con alumnos de un tercero básico, donde ellos rescataron la estructura narrativa de una conocida canción de un programa para niños y a partir de ella construyeron un cómic. ¿Es posible afirmar que en este caso no se realizó un trabajo enmarcado dentro de la literatura infantil? a mi parecer no, sino que lo realizado por los alumnos evidencia una apropiación del discurso y la generación de nuevos elementos creativos por medio de la palabra, algo que yo considero literatura.

Claramente esta visión se desenmarca de lo que tradicionalmente se nos ha presentado dentro de la estructura formal de literatura, pero considero que en el ámbito creativo (ya sea en artes o letras) las barreras no existen como un límite, sino como una organización estructural externa que solo sirve en un ámbito clasificativo, pero no propositivo.