Considerando
que gracias a las dos publicaciones anteriores ya tenemos claras las líneas que
definen lo que llamaremos Literatura Infantil, es el momento de plantearnos
cómo es posible realizar una mediación en este ámbito sin caer en la censura,
que es quizás una de las cosas que más tememos los educadores.
La función de
todo mediador es realizar una selección de las herramientas más idóneas según
el grupo frente al cual participa. En este caso, siendo el tema la LIJ, la
selección debería ser aplicada, por ejemplo, respecto a qué libros son más idóneos
para un grupo determinado de alumnos.
Sin una tarea de selección, la mediación no existe; incluso si disponemos una
serie de textos para que los niños de un curso elijan qué leer, ya hubo una
selección en aquel conjunto de libros que pusimos a disposición del grupo.
Dicha selección se basó en los objetivos pedagógicos y las características de
los alumnos, pero ¿cómo podemos definir que lo que se haya realizado es efectivamente
una selección y no una censura de otros libros?
Para responder
a esta pregunta es necesario diferenciar aquellos dos términos, pues por un
lado SELECCIONAR implica elegir
dentro de un conjunto (en este caso de libros) a aquellos que se acercan a los
objetivos que queremos lograr (por ejemplo, apreciación estética) generando así
una elección que se basa en las características propias de los elementos a
elegir, como pueden ser la calidad gráfica, las ilustraciones, el texto, los
temas tratados, etc.; mientras que CENSURAR,
se refiere a realizar una selección basándose en criterios que no tienen que
ver propiamente con los libros, sino con consideraciones morales que nacen
desde el punto de vista personal del seleccionador o de la entidad a la que
representa, pero además dicha elección implica la anulación de lo no
seleccionado y la negación frente al posible uso según otros objetivos e
incluso la prohibición de discusión. En este sentido, podemos hablar de
selección cuando uno elige un libro sin que eso implique la anulación de otro
por consideraciones del tipo moral, ético, político o religioso.
Producto de
los avances tecnológicos en el área de comunicación, hemos sido testigos directos
de cómo en periodos muy tristes de la historia mundial reciente ha existido la
quema masiva de libros por consideraciones ideológicas. Incluso en Chile,
durante el periodo de la dictadura militar, se requisaron y quemaron públicamente
miles de ejemplares de libros que contuvieran ideas contrarias al régimen impuesto.
Esta censura no respondía a las características literarias de dichos libros, ni
necesariamente al tema que trataban, sino que a la prohibición de ser testigos, cuestionar o
discutir alguna idea contraria al régimen. Hubo hogares donde todos los libros
fueron quemados, sin siquiera haber sido revisados. Este es un ejemplo a gran
escala de cómo funciona la censura, pero clarifica las líneas de diferencia que
tiene con una simple selección.
Durante el
periodo de la dictadura en Argentina también se vivieron episodios como los acontecidos
en Chile y la literatura infantil fue el foco de censura de quienes ostentaban
el poder.
En 1976, el
libro de Elsa Bornemann “Un elefante
ocupa mucho espacio” fue prohibido
en Argentina por relatar una huelga de animales; esto ocurrió justo un año después de que fuera incluido en la lista de
honor del Premio Hans Christian Andersen (IBBY). Según la publicación de Cabal
(2001), el decreto que firmaba la prohibición de la lectura y venta de este
libro incluía también otros dos títulos, por considerarse que tenían una “una
finalidad de adoctrinamiento que resulta preparatoria a la tarea de captación
ideológica del accionar subversivo” (Decreto Militar, 13 de octubre de 1977)
Ahora, frente a
lo acontecido en Chile y Argentina, podríamos pensar que actualmente ningún mediador
de LIJ que considere las diferencias, necesidades o intereses de los lectores
podría ser capaz de ejercer censura, pero todavía existen en la conciencia de muchos
adultos conceptos que tradicionalmente se han vinculado con la literatura
infantil provocando un desmedro en la visión que se tiene de ella como disciplina
artística, dejándola solo como una representación en la enseñanza de valores y
conductas que son avaladas socialmente.
Según
Colomer, a partir de los cambios sociales,
económicos y culturales acaecidos en el mundo occidental de los años 60, hubo
un cambio en la noción de la literatura infantil, donde las ideas formativas
respecto a su supuesta función primordial se derribaron frente a la necesidad
de respetar las individualidades de los niños.
“pasó a considerarse que los niños deben ser educados en la complejidad de la vida, ya no se creerá en la existencia de un camino prefijado de normas para resolver unos problemas claramente graduados desde la infancia a la adolescencia y se constatará que la televisión anula las fronteras entre lo que podía parecer propio de los niños y lo que parecía propio de los adultos" (Colomer, 1999, p.110)
No obstante, ningún
tipo de cambio sucede a nivel social de un momento a otro, sino que son parte
de una progresiva toma de conciencia que nace, sin duda, de periodos de
cuestionamientos, dudas y crisis.
Creo que gran parte de
quienes estamos interesados en LIJ estaremos de acuerdo que, más allá de los
gustos personales, uno de los libros más aclamados en este ámbito es “Donde viven los monstruos” de Maurice
Sendak, que fue publicado originalmente en 1963. Pero no siempre fue así de
querido. Si bien no hubo una censura nacional en EE.UU, ni una censura corporativa
directa hacia este libro, sí generó gran escándalo en algunas escuelas que lo
incluyeron como parte del catálogo de lecturas, porque rompía con todo lo que
se creía que un libro infantil debía contener; en él no se enseñan valores,
tampoco conductas respaldadas socialmente, mucho menos representaba la imagen
que la sociedad adulta avalaba de un niño.
Se retiró de las escuelas y por mucho tiempo los padres se negaron a que
formara parte de los gustos literarios de sus hijos. Este libro rompía con todo
lo que tradicionalmente se indicó como el rol de la literatura infantil, basado
en “la transmisión a las nuevas generaciones de un modelo considerado legítimo
por los adultos” (Carranza, 2009)
Y es esa idea
la que existe equívocamente en muchos de quienes ejercen el rol de mediador, porque
no existe una condición política, religiosa, social o ideológica que pueda
poner límites a una expresión artística. La expresión literaria como forma
artística no supone tampoco los deseos del adulto ni los del niño respecto a
los temas que trata, sino que se vale de la dialogicidad, del contacto directo
con quien está leyendo, para vivir y dar significación a la experiencia
lectora. En base a esto, es importante que como mediadores sepamos otorgar a
los alumnos la mayor y más variada cantidad de libros para que sean ellos, con
nuestra compañía si así se quiere, quienes elijan qué es lo que buscan en la
literatura infantil. Pues nuestra responsabilidad en el proceso lector es
mediar, es decir ser el puente de contacto entre el lector y la literatura.
“Ofrecer esta riqueza editorial y poner en contacto a los niños con distintas formas de escritura, debe formar parte de una premisa que apoye el sentido de su intermediación entre los niños y los libros” (Hanán Díaz, 1998, p.2)
Y para finalizar, otro de los libros que fue censurado en
diversos países fue “Los Viajes de
Gulliver” de Jonathan Swift, por considerar que abordaba temas de corrupción,
injusticia de la colonización y sentimientos anti-guerra, por lo que no se le podía llamar un libro apto para niños ni adultos.
Y aquí es donde los
invito a preguntarse, ¿no es mejor conversar con los niños o darles la
oportunidad de plantear sus propias opiniones al respecto, que evitar toda
discusión sobre temas que generen conflicto?
Fuentes consultadas
Carranza, M. (2009, 08 de diciembre). ¿Por qué la literatura es también para los niños?. Imaginaria. Recuperado en http://www.imaginaria.com.ar/2009/12/%C2%BFpor-que-la-literatura-es-tambien-para-los-ninos/
Cabal, G (2001, 04 de abril). Prohibidos. Imaginaria. Recuperado en http://www.imaginaria.com.ar/04/8/prohibidos.htm
Colomer, T. (1999). 3- La Literatura Infantil y Juvenil Actual. En Introducción a la literatura infantil y juvenil (pp. 107- 158). España: Síntesis Educación.
Hanán Díaz, F. (1998) ¿Cómo elegir un buen Libro para niños? Algunas recomendaciones útiles. Venezuela: Banco del libro de Venezuela.
Torrent, L (2013, 23 de abril) 30 libros de referencia que han sido prohibidos por la censura. En United Explanations. Recuperado de http://www.unitedexplanations.org/2013/04/23/30-libros-de-referencia-que-a-dia-de-hoy-son-censurados/


